Saturday, August 05, 2006

Diógenes y la Ecología

La observación de casos de personas con comportamientos extremadamente huraños que vivían recluidos en sus propios domicilios y que rehuían sistemáticamente cualquier contacto con otras personas motivó la aparición en la década de los años 60 del siglo XX de un estudio científico que detallaba este peculiar patrón de conducta.

En 1975 fue bautizado dicho como "Síndrome de Diógenes", en referencia a Diógenes de Sinope, filósofo griego de la época aristotélica famoso por preconizar un modo de vida austero y de renuncia a todo tipo de comodidades.

La sintomatología de dicho comportamiento suele ser aislamiento social, libre reclusión en el propio hogar, incluyendo ausencia de limpieza del mismo, absoluta negligencia en el autocuidado y abandono de todo tipo de higiene personal, aunque la principal característica es la acumulación de grandes cantidades de basura y de artículos sin ninguna utilidad aparente.

Suele darse esta peculiar actividad en personas con una gran expericiencia vital y con cierta tendencia al aislamiento, aunque también intervienen otros factores causantes de stress en la edad tardía, como dificultades de tipo monetario, el óbito de algún familiar o pariente y, sobre todo, la ausencia de compañia.

La posición socioeconómica no protege de su aparición, ya que se conocen casos de personas que "padecían" el síndrome y que estaban en legítima posesción de títulos universitarios, altos niveles económicos y brillantes carreras profesionales.

Son personas que acostumbran a rechazar cualquier tipo de ayuda social. Si no están incapacitados -y no suelen estarlo- por alguna patología psiquiátrica de base o una demencia comprobada, no pueder ingresados en ninguna residencia sin su consetimiento, por lo que rápido vuelven a su peculiar modus vivendi, lo que mantiene abierto el debate sobre si se trata de una enfermedad o tan sólo de un estilo de vida.

En los últimos años se especula en algunos sectores especializados de la comunidad científica internacional sobre si la actuación de estas personas no respondería a una desinteresada labor ecológica.

"Debe tenerse en cuenta la cantidad de basura que estos benefactores ciudadanos -no olvidemos que su labor se desarrolla principalmente en las grandes urbes- retiran de las calles", observa el profesor Max Hembla Nteng de Copenhangen.

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